jueves, 3 de mayo de 2012

Tornado


Viento. Hoy sopla fuerte el viento. Silba en remolinos derribando muros, arrastrando hojas viejas, que ya no tienen fuerzas para aferrarse a su rama, arrancando los brotes jóvenes que traían la promesa de una nueva flor. El viento golpea los pilares que sostenían silentes castillos en lo alto de las mesetas, cabalga borrando las huellas de una ilusión de arena.

Miro por la ventana y el día está en calma, el cielo claro y la tierra girando, y con ella sus nubes, sus aguas y el tiempo, el tiempo... que es lo único que ni el viento es capaz de arrastrar a su antojo... pero algo me avisa de que yo no giro, estoy condenada a no fluir, a quedarme pegada en la orilla de un lago cuyas mansas aguas reflejan las ilusiones asomadas a la ventana de mi alma.

Mis ojos quieren ver el mundo que su pueril espíritu creó para mí, un futuro que nació esperanzador, sin fechas, sin reparar en los días, en la fragilidad, la soledad, sin muerte… pero cuando los abro mejor, ese universo se desvanece entre un manto de lenguas verdosas y solo queda su superficie cristalina, sin fondo, sin engaños.

Me sumerjo en las aguas buscando las aventuras que me prometieron los libros, la magia de la que hablaban las leyendas... Confío toparme con lo que esa niña que un día fui daba por sentado, sus tesoros secretos, un amor apasionado e imperecedero, revoluciones, triunfos, ninfas, sus sueños… pero una húmeda oscuridad me encharca por dentro y mi cuerpo desfallece, se doblega sin rastro de esas promesas.


Salgo a la orilla y me siento en su arcilloso lecho a que los rayos de sol me quemen el corazón con su cálido beso. Y empieza a silbar el viento, a soplar poderoso, a arrancarlo todo, a arrastrar mis fuerzas, a derribarme… a derribar la fe en unas promesas que nunca serán nada más que reflejos.

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