miércoles, 4 de julio de 2012

Mañana

Mañana...

Ya descansaré, mañana.
Lucharé por ti, mañana.
Saldré a que me dé el sol, mañana.
Pagaré mis deudas, mañana.
No pensaré en nada, mañana.
Me daré un tiempo para mi, mañana.

Ya viviré, mañana.

Es muy curioso cómo vivimos los humanos de hoy, ¿quién no tienen una agenda (o un smartphone si eres más de tecnologías) con todas las semanas venideras planificadas? Vivimos dependiendo de listas, etiquetas que nos recuerdan los objetivos que habremos de ir cumpliendo a corto, medio y largo plazo: trabajos, citas, visitas, exámenes, reuniones, recados... Es una tendencia que se va haciendo habitual a medida que crecemos, nace cuando empiezan a educarnos en la niñez y se apodera del cerebro de muchos adultos de manera progresiva. Y es que, si gozásemos por infinito tiempo del libre albedrío que se les permite a los lactantes jamás hubiésemos sido capaces de sobrevivir siendo una especie tan numerosa, delicada y exigente como lo somos los humanos. La creatividad y la ensoñación están infravalorados porqué ya no son prácticos para sobrevivir, por eso hemos de aferrarnos a la lucha diaria       del trabajo con la promesa de obtener cosas que podamos disfrutar en un mañana que promete recompensas.

El problema es que la vida acaba pareciendo más corta de lo que uno calcula cuando la estrena (gajes de la relatividad física del tiempo) y cuando estamos a dos atardeceres de dejarla atrás algunos se dan cuenta de que han luchado persiguiendo una cortina de humo, porqué el futuro es eso, combustible de nuestro esfuerzo y de nuestros sueños pero nunca una realidad, es algo que se acaricia con la punta de los dedos pero que jamás se atrapa, pues es escurridizo.

Admitamoslo, trabajamos y estudiamos para conseguir una casa, un coche, una educación, cosas que nos permitan un buen futuro, y ese empeño es vital para sobrevivir y evolucionar, pero aprendamos un poco de los que ya se dieron cuenta de que el futuro es siempre el hoy, que no hay más allá, por ello no está mal probar cosas que no tienen futuro, o cosas cuya duración es desconocida, porqué el futuro, aunque sea una ilusión con un fin muy pragmático, no existe. Solo nos pertenecen los días a medida que vamos despertando por la mañana, y nuestro es el derecho y la obligación de emplearlos bien.

De jóvenes aprendemos, de viejos, comprendemos y quién comprendió esta vida sabe que su lema es:

"Vivo hoy, y ya moriré, mañana".