sábado, 17 de marzo de 2012

Un viaje en solitario

Amor... ¿qué eso eso que la literatura describe como una fuerza creadora de seres humanos extraordinarios? Una ilusión.Quizás hubo un tiempo, un lugar, unos afortunados, que fueron capaces de creer en ese rayo de luna, como decía Bécquer, en ese vínculo puro, desinteresado y eterno que hoy se extingue como la débil llama de un candil en un pasillo de incesantes corrientes. Hoy hay un adiós detrás de cada "te quiero" y una vuelta de rostro tras cada apretón de manos, ¿porqué? Porqué ya nadie confía, ni lucha si no es por salvarse a si mismo. 

El individualismo empezó entrando en algunas sociedades como un sinónimo de libertad y reconocimiento a las ideas de cada uno, pero en pleno siglo XXI el ego se ha convertido en la ponzoña de nuestras almas, y ahora no cabe más que un "yo" en nuestro cerebro. Lejos quedan aquellos amores sufridos, aquellas viejas amistades que te acompañan de la cuna a la tumba a pesar de la distancia, aquellos sacrificios de echarle coraje a la vida para hacer lo mejor por alguien, aunque eso implique no estar a su lado... Nada vale si no lo hago "por mi". Reinan las circunstancias, lo fácil, amantes y amistades que me interesan porqué justo se cruzaron en mi vida y fueron viajantes que tenían un par de estaciones en común, que me hicieron sentir menos sola y más respaldada en ese tramo del viaje, pero que no llamaré cuando bajen en su estación, porqué en el fondo cuando los vea partir no sentiré pena, solo sabré que nos hicimos buena compañía y que el viaje continúa por otro desvío. No haré el esfuerzo de fatigar a mi corazón dando pasos hacia atrás, buscando nombres y gastándome dinero en llamadas... colgar el teléfono y acomodarme en mi asiento es lo más sencillo, y eso será lo que haga porqué mi cerebro ha borrado el peldaño ya escalado, para centrarse en los que quedan por subir. 

Así el tiempo pasa y las estaciones se suceden, y somos incapaces de compartir el peso de nuestra maleta; llegamos a la última parada habiendo conocido a infinidad de viajeros, pero sin haber disfrutado el trayecto de la mano de ninguno, sin haber derramado una sola lágrima en cada despedida. Bravo, hemos sido fuertes, nos hemos asegurado la llegada al destino.

Pero entonces miramos por la ventanilla antes de bajar y solo vemos vacío... y pensamos "por un abrazo sincero, por una lágrima de verdadero amor surcando mi mejilla... hubiese tirado mi equipaje por la ventana y de tu mano hubiese saltado del vagón en marcha".